PROYECTO DE COMUNICACIÓN: Inclusión de la impresión de un sello postal con la imagen del Dr. Joaquín Víctor González

El Senado de la Nación solicita al Poder Ejecutivo que adopte las medidas necesarias a fin de incluir en el plan de emisiones postales del Correo Oficial de la República Argentina, la impresión de un sello postal con la imagen del Dr. Joaquín Víctor González.

FUNDAMENTOS

El doctor Joaquín V. González es uno de los hombres más eminentes de la República Argentina, destacando la característica de su personalidad en un consorcio del estadista, del científico y del político.

En su vida publica, ha vinculado su nombre a las iniciativas y reformas legislativas de mayor trascendencia en los todos los tiempos, habiendo demostrado una concepción clara y precisa sobre las necesidades inmanentes de la República Argentina y sus futuras proyecciones.

Carácter esencialmente dado al estudio, abarcó todos los progresos de la ciencia del gobierno y con su gestión ha incorporado a la legislación nacional los adelantos más notorios de las naciones de mayor civilización.

Espíritu imbuido de ideas liberales, ha presentado un campo fecundo para la germinación de esa corriente que el pensamiento moderno despierta y que antes del acatamiento y aceptación de los pueblos, conquistó el entusiasmo de los grandes cerebros.

No había nacido en uno de los importantes centros de población o de comercio de la República Argentina, sino en una de sus más apartadas provincias, La Rioja, región que exhibe majestuosas bellezas naturales, inspiradoras de las producciones literarias con que el doctor González se inició en el cultivo de las letras y de la literatura, dando a conocer el sólido talento artístico que le ha destacado en todas sus producciones.

Egresó de la Universidad Nacional de Córdoba a los 23 años de edad, graduado ya de doctor en jurisprudencia, para regresar a La Rioja, de donde vino poco después al Congreso Nacional como diputado. Con esto inaugura su carrera política y antes de terminar su período legal de diputado, fue electo gobernador de su provincia. Conservó este cargo durante dos años, renunciándolo para dedicarse de lleno a sus predilectas inclinaciones de escritor y periodista.

Algún tiempo después, fue electo nuevamente diputado al Congreso Nacional, donde se conceptuó ya como a uno de los grandes oradores de la Cámara, ocupándose de los más importantes asuntos que llegaron al Parlamento. En la segunda Presidencia del general Roca en 1901, fue llamado a desempeñar el Ministerio del Interior, cuya cartera tuvo a su cargo titularmente hasta el final de ese gobierno, habiendo desempeñado al mismo tiempo y en diversos interinatos los Ministerios de Relaciones Exteriores y de Justicia e Instrucción Pública.

En este momento se presentó para el doctor González una situación de prueba, pues la transición entre su pasado de modesto hombre de estudio, y el actual, de gobierno, resultaba notable. Y sin pretender sintetizar un juicio sobre su actuación política, debemos consignar que triunfó su talento, su ecuanimidad y juicio para afrontar las difíciles tareas que se le presentaban, revelándose verdadero estadista.

Así fue que numerosos y graves problemas esperaban el estudio de parte de los poderes públicos, los que interesaron al Ministro González. En materia electoral regía vetusta legislación, a cuya sombra germinaban los vicios económicos que amparaban el fraude y alejaban al ciudadano de los comicios. Una oportuna reforma iniciada por el ministro cambió el sistema electoral, implantando el de circunscripciones, que provocó la descentralización comicial, despertando en todos los ámbitos del país el interés popular por la emisión del voto. Se completó el sistema con un sereno régimen de penalidades para los delitos electorales. La nueva ley no dejó de despertar ciertos debates doctrinarios como toda nueva orientación legislativa.

Los grandes centros industriales y de población del país comenzaban ya a presentar todos los problemas sociales que agitan a las viejas naciones de Europa, haciendo necesario legislar estos fenómenos e incorporar todos los adelantos de la moderna legislación sobre el trabajo. El ministro González levantó una acabada información acerca de la situación de la clase obrera en la República y en abril de 1904 sometió a la consideración del Congreso su “Proyecto de Ley Nacional del Trabajo”, verdadero monumento en el que se comprenden todas las cuestiones que han motivado una legislación especial de las naciones de mayor progreso. Este código de trabajo ha merecido una entusiasta acogida entre los hombres de ciencia y del extranjero han llegado en revistas científicas y periódicos, calurosos elogios sobre su mérito.

En su interinato del Ministerio de Relaciones Exteriores correspondió al doctor González encarar de lleno la cuestión internacional sobre límites con Chile, que de modo tan intenso preocupaba no tan sólo a la República Argentina, sino aún a Europa, que en un inminente conflicto armado, veía lesionados sus valiosos intereses económicos en estos países. En un corto espacio de tiempo el debate diplomático fue encarrilado en una corriente amistosa que bien pronto llevó a las dos cancillerías a un acuerdo, el que después de dificultades que aún surgieron en último momento, terminó con la firma de los pactos de paz que aseguraron para siempre la cordialidad entre dos pueblos hermanos por tradición y unidos por esa soberbia Cordillera de los Andes que en su majestuosidad parece impusiera a todos el respeto de sus derechos naturales.

Sometidos los pactos a la consideración del Congreso, el ministro González pronunció uno de sus monumentales discursos el que llena el libro, poco tiempo después publicado, “Los tratados de paz con Chile”.

Ahí agotó la materia con una erudición que asombró, porque no se esperaba tan profundos conocimientos en el ministro que no desempeñaba sino interinamente la cartera. Toda la historia de la vieja cuestión; las nuevas ostentaciones de la política diplomática y los beneficios de la paz para estas naciones en formación fueron elocuentemente expuestos y aceptados por unanimidad de votos por el Parlamento.

Durante su Ministerio de Instrucción Pública en la cuarta Presidencia del doctor Quintana creó la Universidad Nacional de La Plata, institución moderna y erigida conforme a los progresos de la ciencia. En esta Universidad dictó la cátedra de Derecho Internacional Privado e Historia de la Diplomacia Argentina.

Miembro académico de todas las universidades argentinas y de varias extranjeras, fue además académico corresponsal de la Real Academia de Lenguas de Madrid.

Su producción intelectual es acaso una de las más vastas que escritor argentino pueda presentar y por ello no menos intensiva. Más de veinte libros publicados y es precisamente en esta faz de la personalidad donde sus facultades intelectuales nos presentan un raro paralelismo: armonía de imaginación creadora con imaginación constructora “Mis Montañas”, “La Tradición Nacional”, “Historias”, “Cuentos”, encierran siempre el colorido del paisaje, el sabor de la tierra, todas las percepciones naturales de un país de rígidas montañas, desolados y verdeantes valles, horizontes azules y leyendas locales, modificadas por los elementos de su fantasía, como nacidos de la influencia que en el espíritu dejaran los autores del romanticismo. Pero en un grado tal de ponderación que se hace difícil leyendo “Mis Montañas”. Sobre todo, separar los elementos reales, en esas bellas descripciones de los elementos imaginativos. ¡Tan perfecto es el conjunto de los cuadros!

En cambio en su “Manual de la Constitución Argentina” –obra fundamental de ejercicio constitucional y comentario más completo sobre la Constitución de la República Argentina- en ” Curso de Legislación de Minas”, “La Reforma electoral”, “Proyecto de Ley Nacional del Trabajo” y otras de índole análoga, surge el constructor, en esa compleja y discutida ciencia política y refleja su temperamento el rigorismo científico.

Estilista, ha hecho escuela con su obra literaria, porque se impone sumo modelo en el arte de escribir en la enseñanza de la literatura nacional. Se le ha reprochado cierta monotonía en los cuadros descriptivos. Quizá es demasiado minucioso del detalle, la que menudo es proclive a hacerle perder de vista los puntos principales que redondea acabadamente.

Como orador, careciendo de todas las cualidades exteriores de los que electrizan al público con su palabra, reunió el difícil consorcio de la profundidad del concepto y la corrección. En el Parlamento sus producciones oratorias tienen todas, un corte académico. Rebosan ideas y dícese por ahí -quienes pueden saberlo- que durante las sesiones del Congreso de 1908, el discurso entonces pronunciado por el doctor González, sobre política internacional, fue escuchado con verdadero interés y ha marcado una de las etapas más brillantes de su vida de legislador. En la cátedra, como en la Tribuna Pública, fue siempre el mismo: impasible, frío y profundo.

Una cualidad, acaso de las más simpáticas, le destaca en el aprecio consciente de su generación actual: Su eterna juventud del alma. Ella le condujo a ser el amigo de los jóvenes, a quienes alentó con sus consejos y de quiénes no desdeñó el concurso orientado en pro de todo mejoramiento social. Por eso, en la Universidad de La Plata, es el maestro y el amigo.

Por todo lo expuesto, Señor Presidente y porque considero como legisladora representante de la provincia de La Rioja que sería un justo homenaje para nuestro ilustre comprovinciano, es que solicito la aprobación de la presente iniciativa.

Hilda C. Aguirre de Soria

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